Factor X: el ‘reality’ de la Presidencia italiana que puede volver a protagonizar Sergio Mattarella

Actualizado Jueves,
27
enero
2022

21:06

La cuarta ronda de votaciones se salda con fumata negra, ms fricciones y la opcin de que el presidente siga en el Quirinale

Voto en el Parlamento este jueves en Roma.EFE

  • Elecciones Italia encara la fase final para elegir presidente entre trampas, maniobras y miedos a traiciones

Mattarella vuelve a sonar. Mucho. Sigui los primeros das desde Palermo, pero ya est en Roma de nuevo trabajando. Sin contacto alguno con partidos o candidatos. Aseguran los suyos. La tesis flotante ayer en la Piazza del Parlamento, defendida por columnistas, analistas o presentadores es que en caso de choque total en la eleccin del nuevo presidente de Italia, de bloqueo, la nica forma de avanzar es «volver a los fundamentales», esto es, las figuras destacadas, primeros entre pares. Y de eso hay pocos: un bis del actual presidente o, probablemente, Mario Draghi, hombre de poder, de autoridad, pero sin partido.

El ‘premier’ se deja querer, va metiendo el nombre de sus colaboradores en todo tipo de quinielas (como Elisabetta Belloni, la responsable de los servicios secretos), levanta la cabeza, sin quemarse pero tambin sin acercarse ms. El problema con la opcin Draghi, a diferencia de todas las dems, no es su pasado, sino su futuro. No basta un currculo ni los mritos o cualidades, sino las palabras. Tiene que ofrecer, o garantizar, a los partidos una va slida y satisfactoria, porque su nombramiento implica muchas cosas. Un cambio total de gobierno, de ministros, de equilibrios. De leyes. O incluso unas elecciones anticipadas. Y cuando miles de personas se juegan sus ingresos, su carrera y sus liderazgos, la imagen, convertir una eleccin en un ‘talent show’, es la menor de las preocupaciones.

Hay una leccin que extraer cuando en Italia los partidos ms a la derecha, tras dcadas de convertir la poltica en el espectculo ms fascinante del mundo, reclaman seriedad. Cuando Matteo Renzi, que convoc el referndum ms autodestructivo y absurdo de la historia reciente de Europa e hizo caer por diversin el Gobierno de Giuseppe Conte se queja de que sus rivales «han convertido las elecciones al presidente de la Repblica en las audiciones de X Factor». Cuando Cinco Estrellas se vuelve ms institucional que sus crticos. Cuando desde il Quirinale pierden la paciencia y reiteran que el presidente, durante las elecciones de su sucesor no tiene nada que decir, nada que comentar, nada que filtrar. El problema, siendo Italia, es que es imposible saber de qu leccin se trata.

La cuarta jornada de votaciones en el Parlamento de Roma (la primera en la que vala la mayora simple, 505 votos) se sald, una vez ms, con fumata negra. Hasta 441 abstenciones, como haban anunciado las principales fuerzas, y nada menos que 166 papeletas para el propio Sergio Mattarella, que insiste en que su era ha terminado y que no va a repetir, por mucho que diputados y senadores escriban su apellido para presionar a los dems. El da termin como empez, con rumores, lamentos, exabruptos y gesticulacin, con la friccin provocando cada vez ms chispas. Con reuniones constantes intentando descifrar la frmula. Porque est ah, y todos lo saben, pero no se trata de encontrarla, sino de construirla.

El centro derecha, liderado por Salvini, volvi al juego de dar nombres (como los de destacados ex ministros de Silvio Berlusconi, como Franco Frattini y el explosivo Giulio Tremonti) mientras reitera que Draghi debe seguir de ‘premier’. El centro izquierda de Enrico Letta juega sin darlos, dando la impresin a ratos de que tiene la batuta y a ratos de que no se entera de nada. La faccin de Conte en Cinco Estrellas se divierte tumbndolos todos, pero sin aportar. Y mientras, Draghi, sin levantar la voz, multiplica los contactos. Ayer habl con Silvio Berlusconi, con la excusa del delicado estado de salud de ‘Il Cavaliere’, que desde que anunci su renuncia entra y sale del hospital. Y lo hizo por la tarde con Antonio Tajani, otro de los pesos pesados de Forza Italia. Un primer ministro es normal que charle con los jefes de los grupos, pero en el pas hay un sector, el ms legalista, el institucional, que mira con horror al presidente del Consejo mercadeando su subida al Quirinale.

En el teatro de Palazzo Montecitorio, donde desde el lunes se juntan cada da 1008 grandes electores (algunos menos por el Covid en realidad) entre diputados, senadores y delegados regionales, sin noticias de verdad, sin pactos ni una salida clara, todos tratan de leer los posos de caf, los gestos. El tono en las reuniones o la falta de ellas. Se obsesionan con quin no lee sus mensajes en Whatsapp desde hace horas y por qu.

El clima est ms revuelto, el cansancio es palpable, la irritacin crece, pero eso no significa forzosamente que el acuerdo est ms lejos o sea ms difcil que antes. El viernes, a primera hora, los responsables se reunirn para decidir el protocolo. Hasta ahora slo se ha votado una vez al da, porque el proceso es largo y fatigoso por las medidas sanitarias. Se tarda ms de cinco horas, con los electores entrando en grupos de 50, escribiendo a mano los nombres en secreto, con el presidente de la cmara leyendo luego una a una las papeletas. Algunos quieren dos votos diarios para intentar acelerar, confiando en fumata blanca el sbado como tarde, pero no est claro. El rcord hasta la fecha est en 23 rondas, en 1972, pero no es lo habitual. De Nicola, Ciampi, Cossiga, el propio Mattarella, Napolitano en 2006, Gronchi y Einaudi ya haban salido a estas alturas, tras cuatro intentos. El siguiente hito est en el Napolitano de 2013 (a la sexta), el hombre que por primera y nica vez en la historia tuvo que repetir, casi rondando los 90 aos, por la falta de consenso. Y nadie quiere llegar a eso, pero no se descarta.

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