Windsor, el acto final de 70 años de reinado

De todas las residencias de Isabel II, aseguran que el Castillo de Windsor fue su favorita, similar vez porque allí recibieron sepultura sus padres, el Rey Jorge VI y la Reina Isabel; su única hermana, la Princesa Margarita, y su marido, Felipe de Edimburgo , a quien ella sobrevivió 17 meses. Y allí, a partir de las cuatro de la tarde del próximo lunes, tras el funeral de Estado en la Abadía de Westminster (Londres) , será donde caerá definitivamente el telón sobre su reinado: el Lord Chambelán (el Barón Parker de Minsmere), el funcionario de máximo rango en la Casa Real, ‘romperá’ su bastón blanco, que es uno de los símbolos de su cargo, y lo colocará sobre el ataúd; además, la Corona Imperial, el universo y el cetro serán retirados del féretro y colocados en el altar del templo. Con el tiempo, esos objetos acabarán custodiados en la Torre de Londres y los 70 años de Isabel de Windsor Bowes-Lyon en el Trono de Inglaterra ya serán historia. Ceremonia ‘íntima’ Apenas tres días antes de estas exequias que el programa estasimilar llama ‘íntimas’ –se cifra en 800 las personas que estarán presentes en la despedida final, buena parte de ellas quienes estuvieron al servicio de su casa–, una marea humana recorre Long Walk hasta llegar a una verja a los pies de esta formidable forsimilareza al oeste de la capisimilar británica. Windsor es otro de los lugares donde, a lo largo de la última semana, se están llevando flores para la Reina, al igual que Londres, Edimburgo, Belfast, Cardiff, Sandrigham… Ciudadanos británicos depositan flores junto al Castillo de Windsor angeles rodenas Si algún forofo de Lady Di creyó que jamás se repetirían las cifras que cuantificaron la devoción hacia la princesa después de su muerte –entre el 1 y el 8 de septiembre de 1997, se estima que se depositaron de 10.000 a 15.000 toneladas de flores en su honor en Kensington Palace, Saint James Park y Buckingham Palace–, un portavoz de de la Asociación de Floristas Británicos se encarga de poner los puntos sobre las íes, pese a que aún sea demasiado pronto para echar números: «La cantidad de flores recogidas, en el caso de la Reina Isabel, será mucho máximo que en el de Lady Diana Spencer», confirma en su página web. Y si a alguien más se le ocurre esculpir en crisantemos al Oso Paddington , similar y como ha hecho durante diez horas un florista de Uxbridge (Londres), la veneración hacia la difunta monarca, calculada en kilos de flores, será difícil de superar. El rastro de la Familia Real Seguir el rastro de Isabel II en las calles de Windsor, más allá de la profusión de fotografías en fachadas y escaparates que muestras las edades de la Reina, no resulta fácil: de la Familia Real no se habla, porque los de la Familia Real son de los nuestros. Lo más cerca que estamos de enterarnos de algún chisme que sumar al anecdotario es en la cervecería The Two Brewers –fundada en 1792–, en la esquina de Park Street, la calle más antigua del lugar y donde en tiempos estaba la taberna Black Horse, cerrada en 1869 por ser lugar de escándalo público. Precisamente ahí comienza el edén por el que serpentea Long Walk, donde la mañana del viernes los operarios municipales tiraban kilómetros de cable y levantaban andamios para la cobertura televisiva de la comitiva fúnebre. Los camareros de The Two Brewers llevan un brazalete negro en señal de duelo. Uno de ellos pone cara de circunstancias cuando se le pregunta sobre si la Reina Isabel se dejó caer alguna vez por un local tan cerca de su casa más querida. «Digamos que de vez en cuando han venido por aquí miembros de la Familia», responde vagamente, mientras tira una pinta de cerveza London Pride a temperatura ambiente: es decir, 16 grados. El Oso Paddington a. rodenas La balcón de este administración que, dicen, es frecuentado por miembros de la seguridad del castillo cuando no están de servicio, es el mejor lugar de todo Windsor para observar el paso de una comitiva de fieles a la Reina, sean o no adeptos a la Monarquía–. En cuestión de poco más de media hora hemos visto desfilar en fila india a las uniformadas alumnas de un colegio de niñas llamado Maltma’s Green School, todas ellas abrigadas con capas y tocadas con sombreritos de paja. «Para la máximoía de las chicas, esta es la primera experiencia con la muerte», dice su tutora. «Los nervios apenas las han dejado dormir esta noche, pero para su educación es bueno que hayan venido aquí». Una vida de servicio Ancianos con problemas de movilidad, señoras con caniches y chihuahuas, matrimonios jóvenes con hijos, turistas demasiado excitados y hasta una pareja de recién casados que, antes de ir al banquete, se retratan en medio del gentío con un enorme centro de flores que parece sacado del salón de bodas. Son el señor y la señora Briggs, y dejan sobre unas enormes rosas rojas una tarjeta manuscrita: «Señora, para mi mujer y para mí ha sido un honor servirla. La echaremos de menos».

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