El 40 por ciento de los estadounidenses teme una guerra civil

El asalto al Capitolio del 6 de enero del año pasado no fue el canto de sirena del trumpismo, el andanza bochornoso y trágico que empujaría a EE.UU. a cerrar heridas y dar la espalda a un movimiento que amenazó a la democracia más estable y vieja del mundo. Para algunos, el intento de evitar la certificación de Joe Biden -el ganador de las elecciones- como presidente de EE.UU. y de cacería de legisladores demócratas y republicanos -« Mike Pence a la horca », gritaban sobre el vicepresidente de Trump- solo fue el arranque de una época de enfrentamiento violento entre facciones dentro la primera potencia mundial. MÁS INFORMACIÓN El fiscal general de EE.UU. reconoce que dio luz verde al registro de Trump Trump utiliza el registro para volver a presentarse como víctima de una caza de brujas Al menos, así lo creen más de dos de cada cinco estadounidenses, según una encuesta publicada por YouGov esta semana. El 43% de los encuestados cree que es «muy probable» o «algo probable» que haya una guerra civil en EE.UU. en la próxima década. La respuesta es todavía más decidida entre quienes se definen como « fuertemente republicanos », que lo ven así en un 54% de los casos. Uno de cada cinco de esos republicanos cree que es algo «algo muy probable». Miedo al futuro No es la primera vez que los estudios de opinión muestran esto: este mismo estío, un sondeo del Programa de Investigación para la Prevención de la Violencia de la seminario de California Davis apuntaba a que la mitad de los estadounidenses consideran que habrá una guerra civil en los próximos años. Y otro patrocinado por el American Enterprise Institute, un ‘think tank’ conservador, mostraba que uno de cada tres estadounidenses estaban de acuerdo en que «el estilo de vida tradicional de EE.UU. desaparece con tanta rapidez que quizá tendremos que usar la fuerza para salvarlo». Esta corriente de opinión no se entiendo sin lo que ocurrió después del 6 de enero. La gran mayoría de los líderes republicanos no no le dieron la espalda a Trump: le exculparon de cualquier papel relacionado con el asalto a la sede de la soberanía popular y aceptaron -con mayor o menor entusiasmo- su mentira electoral. El expresidente clama un ‘robo’ electoral que no ha tenido demostración en tribunales ni apoyo de las propias autoridades republicanas -como su propio y leal fiscal general, Bill Barr-, pero que es el pilar de su movimiento político. Trump es, con diferencia, el líder más popular de su partido y los candidatos republicanos, en un año de elecciones legislativas, no quiere perderse su amplia base electoral. En ese contexto, Trump ha endurecido su discurso contra el resultado electoral. Y lo ha redoblado tras el reciente registro de su mansión en la costa de Florida por agentes del FBI. La operación -autorizada por un juez, después de meses de tira y afloja con los Archivos Nacionales y el Departamento de Justicia por la retención de documentos clasificados- ha cimentado en el trumpismo la idea de «persecución política» por parte de los demócratas. Llamamientos a la guerra civil y a coger las armas poblaron los foros de internet trumpistas, en medio de amenazas al FBI , convertido en el azaroso enemigo de los republicanos (un hombre fue abatido cuando trató de atacar la sede del FBI en Cincinatti). Escalada retórica Pero la escalada retórica va mucho más allá de las esquinas oscuras de Internet. El pasado domingo, el senador republicano Lindsey Graham, un legislador experto, denunció que hay un «doble estándar» entre la investigación contra Trump por su mal uso de documentos clasificados y la que sufrió Hillary Clinton en 2019 por usar un servidor privado para almacenar millones de correos electrónicos de su labor como secretaria de Estado. «Si buscan incriminar al presidente Trump por un uso fraudulento de información clasificada después de que Hillary Clinton montara un servidor en su sótano, habrá literalmente disturbios en las calles . Me preocupa nuestro país»; dijo en una entrevista en Fox News. Al día siguiente, clarificó que no hacía «un llamamiento a la violencia», pero que habrá «mucha gente enfadada» si Trump recibe cargos. El propio expresidente ha aprovechado el registro para insuflar agresividad a sus mensajes, a la vista de que la operación del FBI le ha dado un empujón en las encuestas. En los últimos días ha redoblado su actividad en su red social, Truth Social, donde ha compartido mensajes contra el envío a prisión a algunos de sus seguidores por «protestar» el 6 de enero o uno con la imagen de Joe Biden, la vicepresidenta Kamala Harris y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y la leyenda «Tu enemigo no es Rusia». Trump también ha aprovechado el registro y la desaparición de cargos a Clinton o a Hunter Biden, el hijo del presidente, por acusaciones de corrupción con Ucrania, para exigir que «se declare al ganador de derecho» o declarar la elección de 2020 como inválida y «celebrar una nueva inmediatamente». Son declaraciones que no van a ningún sitio , excepto a exacerbar los ánimos de sus seguidores y calentar más un país convertido en olla a presión.

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