Los desafíos del nuevo ‘premier’ tras el verano del descontento en el Reino Unido

El próximo 5 de septiembre el partido Conservador británico tendrá nuevo líder y, por consiguiente, entrará al número 10 de Downing Street la persona elegida por sus miembros para sustituir a Boris Johnson , que en julio cumplió su tercer y último año en el poder. Aunque las encuestas apuntan a que habrá primera ministra, ya que Liz Truss va por delante de su contrincante, Rishi Sunak, el que fuera ministro de Finanzas aún podría dar la sorpresa y superar en número de votos a la actual responsable de Exteriores. En la política británica nada está escrito en piedra, pero los desafíos a los que el nuevo ‘premier’ tendrá que enfrentarse una vez que asuma el cargo sí que están claros. Tras el bautizado por la prensa como el «verano del descontento», quien gane la contienda tendrá por delante un otoño lleno de obstáculos, marcado por el aumento de los precios de la energía y sus consecuencias en el día a día de la población, las huelgas en diversos sectores por el aumento del costo de la vida, la inflación más alta en cuatro décadas, la crisis migratoria en el canal de la Mancha, el caos del servicio nacional de salud, la gestión medioambiental, y más problemas derivados del Brexit, incluyendo el Protocolo de Irlanda del Norte, la amenaza de un referéndum en Escocia y la escasez de mano de obra. Todo esto en uno de los países más ricos del mundo, miembro del G-7 y jugador fundamental en la geopolítica internacional que, sin embargo, ya no parece disfrutar de sus glorias pasadas. Crisis migratoria en el Canal La Fuerza Fronteriza, que vigila las fronteras del Reino Unido, puede haber empeorado la crisis del cruce de pequeñas embarcaciones en el Canal. A esta conclusión llegó un informe independiente encargado por la ministra del Interior, Priti Patel, que además describe el enfoque general del Gobierno con respecto al control de la inmigración como «ineficaz y posiblemente contraproducente». El autor del reporte, Alex Downer, exlíder del Partido Liberal australiano, criticó la gestión de una crisis que este año ha alcanzado números récord (las previsiones del Ministerio del Interior son que este 2022 se cerrará con una cifra de entrada de personas indocumentadas por esta vía de entre 60.000 y 65.000, más del doble de los 28.526 del 2021) y advirtió que la Fuerza Fronteriza necesita con urgencia un liderazgo claro sobre las prioridades y el propósito de su trabajo, que parecen no estar claros pese a que Patel dice que el Reino Unido quiere «continuar» a la «vanguardia del control fronterizo en todo el mundo». Pero la campaña a favor del Brexit que prometía que con el divorcio el Reino Unido iba a «recuperar el control de sus fronteras» no se ha cumplido y en el panorama ha entrado en juego un nuevo factor problemático: la intención del Ejecutivo de enviar a Ruanda a los inmigrantes que crucen de forma ilegal el Canal, incluso a los solicitantes de asilo, una medida que, apuntan, disuadiría a las personas migrantes de hacerse a la mar. A la medida se oponen organizaciones de derechos humanos, partidos políticos y también muchos ‘tories’, y fue el Tribunal Europeo de Derechos Humanos el que detuvo el primer vuelo con destino al país africano. Las peores huelgas en décadas Que una ciudad como Londres se vea paralizada por completo un día cualquiera es, en palabras de un taxista que habló con ABC en una tremenda jornada de huelga, «para sentarse a llorar». El viernes de la semana pasada, por ejemplo, miles de trabajadores de trenes, metro y autobuses se unieron al paro que acumula ya varias jornadas en los últimos meses y que amenaza con recrudecerse si el Gobierno y las empresas no ceden a las peticiones de los huelguistas, que exigen, entre otras, que el salario suba lo suficiente para hacer frente al aumento del costo de la vida. Pero las huelgas no son solo en el sector del transporte, las peores en las últimas tres décadas, sino también de trabajadores portuarios, de correos, de recogida de basura y hasta de los empleados de British Telecom, que pararán operaciones por primera vez en 35 años durante dos días la próxima semana. Noticia Relacionada estandar Si Oleada de huelgas en el Reino Unido por la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores Antonio Ramírez Cerezo El país británico se paraliza envuelto en la inestabilidad política tras la dimisión de Boris Johnson Aumento del coste de la vida La actual inflación de alrededor del 10% es la más alta en cuatro décadas y el aumento del precio de la energía la disparará por encima del 18% a principios del próximo año, el pico más alto en casi medio siglo, según un informe del Citigroup. Las consecuencias serán devastadoras. De acuerdo con un estudio de la Universidad de York, dos tercios de todos los hogares del Reino Unido estarán en enero en condiciones de pobreza energética, que se producen cuando los costes de la energía exceden el 10% de los ingresos netos de un hogar. Las conclusiones del estudio dicen que 18 millones de familias, el equivalente a 45 millones de personas, tendrán serias dificultades para llegar a fin de mes después de los aumentos previstos en el precio del gas y la electricidad y además hay temor de que haya cortes durante el invierno por problemas de suministro, aunque desde Downing Street han hecho un llamamiento a la calma asegurando que esto no sucederá. Por otro lado están el precio de los alimentos, las consecuencias de la guerra de Ucrania y la carga impositiva. Truss asegura que bajará los impuestos mientras que Sunak dice que primero es necesario controlar la inflación. Problemas derivados del Brexit «Get the Brexit done» (que podría traducirse como «consumar el Brexit») fue la gran promesa de Boris Johnson. Y aunque el divorcio entre los británicos y el club comunitario es ya oficial, los entresijos y las dificultades que sigue provocando no son pocas y podrían tardar años en resolverse. Problemas en las fronteras, engorrosos procedimientos de exportación e importación y una grave escasez de mano de obra en todos los sectores productivos, desde camioneros hasta camareros, se entrelazan con dos desafíos concretos para el próximo ‘premier’: la resolución de las discrepancias con la UE por Protocolo de Irlanda del Norte y el referéndum de independencia en Escocia, que la ministra principal de esa nación, Nicola Sturgeon, ha marcado en el calendario para octubre de 2023. El Sistema Nacional de Salud tras la pandemia El NHS, el Sistema Nacional de Salud, es uno de los grandes orgullos de los británicos. Pero su capacidad estaba ya mermada antes de la pandemia de Covid-19 y ahora que se ha dado por concluida la emergencia, la situación es dramática. No hay personal suficiente, el que hay está mal pagado y las listas de espera para los pacientes son de meses. El ministro de Sanidad, Steve Barclay, advirtió que el Departamento que dirige se está preparando para «el peor escenario» en otoño e invierno, cuando los hospitales se enfrenten a «desafíos muy serios». Para Barclay, el país no puede demorarse en decisiones urgentes, como la contratación de trabajadores extranjeros. Un informe parlamentario concluyó que las más de 110.000 vacantes sin cubrir en el NHS representan «un riesgo grave para la seguridad del paciente». Protestas en favor del Protocolo de Irlanda del Norte en Belfast el pasado 16 de mayo efe Unir a un partido y a un país divididos El Partido Conservador británico arrastra desde hace tiempo un problema entre sus filas que se prevé complicado de subsanar en el corto plazo: el de la división interna. Y la renuncia de Boris Johnson como líder de la formación y como primer ministro no hizo más que azuzar el fuego interno, con la agria campaña electoral entre los candidatos a sucederle, Liz Truss y Rishi Sunak, como combustible. En una encuesta realizada el mes pasado por la consultora YouGov, el 78% de las personas encuestadas respondieron que la formación está dividida, el 16% respondió ‘no lo sé’ y el 5% que está unida. Pero aún queda mucha legislatura, y si los ‘tories’ quieren tener músculo para hacerle frente a los Laboristas y al descontento de la población, tendrán que trabajar en cerrar la brecha que los separa. «Hay un vacío en el corazón del actual partido conservador», considera el columnista de ‘The Spectator John Oxley’. Y no es el único. A esto se suma el estado de la unión. Para Nicola McEwen, investigadora del ‘think tank’ UK in a Changing Europe y profesora de Política Territorial en la Universidad de Edimburgo, «la salida de la Unión Europea ha generado importantes tensiones dentro de la unión del Reino Unido. Tanto Escocia como Irlanda del Norte votaron por la permanencia por amplias mayorías, pero estos votos fueron desplazados por la decisión de irse en todo el Reino Unido». Además, «durante las negociaciones del Brexit, tanto el Gobierno escocés como el galés abogaron constantemente por una relación lo más estrecha posible con la UE, incluida la pertenencia al mercado único» pero «ambos fueron ignorados en gran medida». Para McEwen, «las tensiones del Brexit han llevado a una erosión significativa en la confianza entre el Reino Unido y los gobiernos descentralizados» cuyos funcionarios «describen las relaciones con el Gobierno del Reino Unido como las peores que han existido».

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