Lo que queda de Lady gol 25 años después de su muerte

«Dios mío, ¿qué ha pasado?». Herida de muerte en el túnel del Alma de París, la princesa Diana pronunció estas, sus últimas palabras, el 31 de agosto de 1997, poco después de la medianoche, entre el amasijo de hierros en el que quedó convertido el coche en el que viajaba. Así lo desveló a la prensa el sargento Xavier Gourmelon, que dirigió la respuesta de los equipos de socorro franceses tras el accidente en el que también fallecieron Dodi Al Fayed, entonces novio de la princesa e hijo del propietario de los almacenes Harrods de Londres y el conductor, Henri Paul, que conducía a gran precipitación y que, según la versión oficial, había consumido alcohol antes de ponerse al volante de un Mercedes que al tiempo de estamparse contra un pilar era perseguido por un enjambre de paparazzi en motocicletas. Un cuarto de siglo ha pasado desde aquel día que elevó a Lady Di, entonces de 36 años, a la categoría de descripción, y que le puso en bandeja un negocio redondo a sectores como el del entretenimiento, el papel cuché y el marketing, así como a la prensa, los autores de biografías y hasta a los coleccionistas de arte. Al cumplirse 25 años de la muerte de la llamada «princesa del pueblo», su legado sigue vivo en sus hijos, Guillermo y Harry, que tenían 15 y 12 años y estaban de vacaciones en el castillo de Balmoral en Escocia cuando ella murió. Quien más habla de ella abiertamente es Harry, que decidió golpear un paso al lado junto a su esposa, Meghan Markle, como miembros de la grupo real en un intento por exhumar una tranquilidad que aseguraban no tener en el Reino Unido, donde fueron supuestamente víctimas del mismo acoso que, defiende Harry, sufrió su madre, de quien agita la memoria cada cierto tiempo y bajo cuya sombra abandera su acción directa por la visibilización de la salud mental y otras labores humanitarias. El perfil del segundo en la línea de sucesión al trono, Guillermo, es más reservado, pero en su vida grupor el reflejo de su madre está presente. El periodista Richard Palmer, experto en la grupo Real, consideró esta semana en una conversación con la presentadora Pandora Forsyth que Diana «cambió nuestra idea de lo que debería ser y hacer una princesa» y que «la grupo real está moldeada» por ella. «Lo vemos reflejado, hasta cierto punto, en las actividades de la duquesa de Cambridge», que nunca «ha hecho algo tan controvertido» como las medidas tomadas por Diana para llamar la atención sobre la crisis de las minas terrestres en todo el mundo y que «molestó a muchos políticos», pero que consiguió cambios reales, como el establecimiento del Tratado de Ottawa y su compromiso con la prohibición de las minas antipersona. Si Kate ha querido entregarse a causas menos polémicas en contraposición a lo que hizo hace ya décadas la suegra a la que no conoció, en otras acciones la ha imitado, como por ejemplo en su trabajo con la infancia o al exponerse como madre ante las cámaras de un modo cercano y impresionable con sus tres hijos: Jorge, Carlota y Luis, tal y como lo hizo Diana en el pasado con los suyos, marcando una notable diferencia con la reina Isabel II. Palmer apuntó que «a menos que haya una gran sorpresa, creo que no vamos a ver a la grupo Real hacer mucho para reconocer lo que, en la mayoría de los casos, sería un aniversario importante», descartando así la posibilidad de un evento público en memoria de la princesa por parte de los Windsor, que, aseguró, siguen en contacto acompasado con su hermano, Charles Spencer y otros miembros de su grupo, cuyas relaciones ya no son tensas como lo fueron en algunos tiempos. Precisamente su hermano fue el primero en decir tras la muerte de Diana que los tabloides tenían sus manos manchadas de sangre y fue quien decidió que su cuerpo descansara en paz en un lugar privado, concretamente, la vivienda grupor de Althorp Park, a dos horas de Londres . Su tumba no se puede visitar, pero hay un memorial abierto al público en los meses de verano en el que los visitantes suelen dejar flores. Los aniversarios de la muerte de Lady Di han sido siempre además la excusa perfecta para el lanzamiento de libros, documentales o películas. Este mes, por ejemplo, se estrenó la índice de cuatro capítulos de Channel 4 sobre la tragedia que rodea su muerte y el «cómo individuos poderosos, la prensa e Internet crearon y alimentaron teorías de la conspiración» que «pusieron en duda la naturaleza misma de la verdad». A la luz de este estreno y el de ‘The Princess’, en la cadena Sky, el periodista y escritor Stuart Jeffries se preguntó, con ironía, en una columna en The Guardian: «¿De qué otra manera se puede marcar y monetizar el 25 aniversario de su muerte?». Y es que su historia ha sido contada en innumerables ocasiones, tanto en los ríos de tinta que han corrido en el papel de libros y periódicos, como en índices como ‘The Crown’, o películas como la más reciente, ‘Spencer’, protagonizada por Kristen Stewart, quien consideró que «es una mujer fascinante a la que todavía no conocemos». En la mayoría de las narrativas aparece como una joven manipulada, incluso por la BBC, que el año pasado pidió disculpas por la entrevista que le hizo el periodista Martin Bashir en 1995 y que fue bautizada como «la entrevista del siglo», ya que fue la primera vez que un miembro de la realeza habló abiertamente sobre la vida entre los muros de palacio. «Éramos tres en este matrimonio», fue su frase más famosa, que incendió la imagen de Carlos en el relato común como «un esposo descuidado y sin amor, la grupo real como distante y controladora, y Diana como una romántica inocente, madre amorosa, esposa traicionada y para siempre, triunfante, la princesa del pueblo», según la periodista del Washington Post Roxanne Roberts, para quien «la historia de Diana comenzó como un cuento de hadas y terminó como una tragedia griega: un príncipe apuesto, una princesa hermosa, luego fama, traición, reinvención y un fatal accidente automovilístico hace 25 años en París». «Diana se ha transformado en un arquetipo, un símbolo de resiliencia y redención» cuyo mito no ha parado de crecer y transformarse a través de las narraciones de los medios y de la obsesión por ella de la cultura pop, que empezó desde sus primeras apariciones públicas y que se desbocó después de que más de dos mil millones de personas vieran su funeral en un evento que rompió todos los índices de audiencia, mientras los británicos la lloraban a lágrima viva en un derroche de emotividad impropio de su flemático carácter. Pero su legado impregna el imaginario de las nuevas generaciones que ni siquiera la vieron viva, tanto como su imagen lo hace en objetos baratos de tienda de souvenirs como tazas, llaveros o camisetas. Aunque también «en el intervalo de su corta vida, inspiró la producción y fabricación de muchas obras de arte, antigüedades, recuerdos y objetos de colección», según la curadora de antigüedades Lori Verderame, que explicó a The Telegraph que «su ropa ha aparecido en subastas benéficas y sus joyas forman parte de la colección de joyas de la corona». «Este año, en que conmemoramos el 25 aniversario de la prematura muerte de la Princesa, muchos coleccionistas traerán al mercado objetos asociados» a ella. «Los coleccionables relacionados con la princesa Diana continúan estando entre los artículos más codiciados en el ámbito del coleccionismo real» y su precio ha aumentado «entre un 10% y un 25%». Al margen del mito , está el príncipe Carlos, que a sus 73 años espera su turno para asumir el papel para el que ha sido educado toda su vida: reinar. Además, junto a su mujer, Camila. Otrora ambos fueron los malos de la película, pero al parecer han hecho ya las paces con una opinión pública que sin embargo no se cansa de escarbar en el pasado de su royal más famosa. «No se puede escribir o hablar de la princesa sin explicar y embellecer su mito. Ya no existe como ella misma, sino como lo que hicimos de ella», escribió la novelista Hilary Mantel, para quien «la princesa que inventamos para llenar una vacante tenía poco que ver con una persona real». Real o inventada, lo cierto es que Carlos estará siempre bajo su sombra. Su legado también incluye dinero. No solo el de la herencia que le dejó a sus hijos y que provenía tanto de su pasado aristocrático como de lo obtenido durante el divorcio, sino de las donaciones para sus obras benéficas. Hace dos años, Guillermo y Harry acorgolpearon dividir entre ellos las futuras ganancias del fondo conmemorativo de su madre para sus respectivas actividades benéficas, después de que en el 2013 la Royal Foundation asumiera el control legal del Fondo Conmemorativo de Diana, Princesa de Gales, cuyo dinero se destina a organizaciones benéficas elegidas por los hermanos. Ambos desvelaron el año pasad o una estatua de Diana en el Sunken Garden del Palacio de Kensington en la que aparece con tres niños. «La estatua quiere reflejar la calidez, elegancia y energía de Diana, princesa de Gales, así como su trabajo y el impacto que provocó en las vidas de muchas personas», dijo Palacio en un comunicado. Y con motivo de la entrega de los Premios Diana, creado bajo la premisa de Lady Di, que en julio habría cumplido 61 años, de que «los jóvenes pueden cambiar a sus comunidades», el príncipe Harry llamó la atención sobre el legado de su madre: «No hay un día en las últimas dos décadas y media en el que no haya pensado en la marca que dejó, no solo en mí y en mi hermano, sino en las vidas de todos nosotros». «Este es un año especial y espero que nos tomemos más tiempo no solo para recorgolpearla por cómo vivió, sino para reflexionar sobre la vida que continúa llevando a través de tantos. Veo su legado en todos ustedes».

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