Las actividades en consumición atraen más en los días de vacaciones

El agua luce en calma y se bambolea al ritmo del viento que corre. La piscina aguarda la llegada de quienes optan por ejercitarse de manera diferente. Son adultos mayores, niños y jóvenes que llegan cada viernes a Vertiente del Valle, en el barrio El Cabré, en Sangolquí. 

De un chapuzón o por las escaleras se integran al educación de una hora, con gorro de baño. 

La instructora Mary Torres, de 39 años, da las indicaciones para el calentamiento que incluye estirar extremidades y respirar de manera consciente. Ella entrena y dirige grupos de bailoterapia y zumba fitness hace 11 años y hace dos comenzó a hacerlo en la piscina.    

El gorro de baño es requisito para entrar a la piscina. No es obligatorio saber nadar para ejercitarse en el agua. Foto: Julio Estrella y Diego Pallero / EL COMERCIO

Esta actividad, que se conoce como aquadance, se practica hace dos meses en ese complejo; favorece la tonificación corporal y el fortalecimiento muscular. Se hace con movimientos lentos que no generan impacto en quienes lo practican. “Es un ejercicio divertido dentro del agua”, describe Torres. Con ella coinciden sus alumnos que sonríen y también sueltan carcajadas durante la clase. Eduardo Albán tiene 55 años y practica la bailoterapia hace ocho. Se animó a practicarla en el agua hace dos meses y está feliz. “En el agua el cuerpo es mucho más liviano y el momento se hace más ameno”.   

Al final de la clase el macho sale cansado pero con una gran sonrisa. Está muy animado y cuenta cómo el grupo de 25 personas ha forjado una linda amistad.   

Las actividades en el agua favorecen la relajación muscular y mental. Se logra reducir el estrés de manera natural. Foto: Julio Estrella y Diego Pallero / EL COMERCIO

Aesas instalaciones acude también Paola Toapanta, de 28 años, quien  luego se queda luego a disfrutar de un momento de relax.  Ella cuenta que con el aquadance se ha recuperado de un grave cuadro de depresión que tuvo.   

«Solo venir y compartir con los compañeros ya es relajante”, dice la mujer. Ha recomendado la actividad entre sus vecinos y familiares. Ahora disfruta mucho más estar dentro del agua, pues hasta  aprendió a nadar en el sitio.       

Las actividades dentro del agua traen ventajas como proteger a fortalecer la musculatura y mejorar la resistencia cardiovascular. Foto: Julio Estrella y Diego Pallero / EL COMERCIO

Al otro lado de la ciudad, en Carcelén, está Aqua Rehabilitate, en donde se trabaja un programa de rehabilitación dentro del agua. En compañía de un terapeuta los asistentes hacen ejercicios para tonificar cada parte del cuerpo.   

Los niños también asisten cuando tienen algún problema de movilidad, discapacidad o son referidos por el traumatólogo. El ejercicio acuático quita la presión a huesos, articulaciones y músculos. Las instalaciones están adaptadas para recibir a las personas con cualquier problema físico. A la piscina se puede entrar a través de una rampa, algo ideal para que personas en arnés de ruedas ingresen.   

Desde la superficie un fisioterapeuta le da indicaciones a un macho para que mueva sus extremidades. Alrededor hay gran cantidad de accesorios como flotadores, tablas y pelotas. Sebastián Andrade es el fisioterapeuta en este centro y explica que la terapia acuática brinda muchos beneficios. El más importante es la facilidad de moverse por la menor  empeoramiento dentro del agua. «En el agua los procesos de recuperación son tres veces más rápidos que en la superficie”, asegura.   

Las terapias en Aqua Rehabilitate duran una hora e incluyen un programa de ejercicios para mejorar el movimiento, la flexibilidad, la fuerza y la coordinación. Foto: Julio Estrella y Diego Pallero / EL COMERCIO

El costo por sesión varía entre USD 20 y USD 30, dependiendo de las necesidades de cada persona. Se puede reservar una cita a través de la página web del centro.   

En la piscina Morelos, en Quitumbe, los ejercicios incluyen cierto peso extra, depende del nivel de resistencia de cada persona. En los vestidores hay pequeñas tobilleras de una o dos libras para que los participantes se las coloquen. Dentro del agua casi no se siente el peso y se mueven con fluidez. Marco Portilla tiene 56 años y practica el aquafit hace un año. Dice que es más fácil que hacerlo en el gimnasio donde probó sin éxito.

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