Asalto al Capitolio: la herida abierta que desangra Estados Unidos

  • Asalto al Capitolio Cuando un miembro de QAnon disfrazado de bisonte presidi el Senado de EEUU

Se llamaba Juan e iba con el uniforme perfecto de los Proud Boys (Chicos Orgullosos), los Oath Keepers (Juramentados) o los Three Percenters (Los del Tres Por Ciento): chaleco antibalas con las palabras «USA Patriot», rionera con varios bolsillos, pasamontaas y, por encima de ste, casco estilo grecolatino con penacho de plumas rojo que le daba un aire como de haber salido de la representacin de una tragedia griega.

Esa mezcla de atuendo de guerra con toques folklricos es uno de los signos de identidad de algunos miembros de los grupos violentos citados ms arriba a los que Donald Trump haba pedido apoyo ya antes de las elecciones, el 30 de septiembre, cuando el presidente, en un debate televisado, dijo: «Proud Boys: quedaos fuera y estad atentos».

El 6 de enero de 2021, Juan no pareca ni atento ni, pese a su vestimenta, violento. Tampoco daban esa impresin las ms de 20.000 personas -a ojo- que estaban escuchando a Trump y a sus aliados en el Mall, el parque de Washington en uno de cuyos extremos, como a tres kilmetros en lnea recta del mitin, se encontraban reunidas las dos cmaras del Congreso para ratificar los resultados de las elecciones celebradas el 6 de noviembre.

El tono general de la concurrencia era ms bien deprimido. La sensacin general era que el presidente haba perdido. La jornada no indicaba por ningn lado que fuera a pasar a los libros de Historia. Nadie poda imaginar que en poco menos de una hora iba a pasar algo que, un ao despus, ha terminado creando la entrada «Segunda Guerra Civil de EEUU» en Wikipedia, y la publicacin de dos libros con vocacin de best-sellers prediciendo un conflicto de esas caractersticas.

Y, quien menos permita predecirlo, era el propio Juan. El seguidor de Trump, dentro de su coraza, su pasamontaas y su casco, y tras un viaje en coche «con un grupo» -sin especificar ms- desde el condado de Lebanon, en Pennsylvania, a unas tres horas de Washington, no pareca entusiasmado. «Espero que pase algo en el Congreso. Espero que suceda lo que queremos que suceda. Que se reconozca que ha habido un gran nivel de fraude en estas elecciones y que se tomen las medidas necesarias para proteger la voluntad del pueblo», explicaba con escasa conviccin en un espaol perfecto con inflexiones de su Puerto Rico natal, sin prestar ninguna atencin a Trump.

Una hora despus, 800 seguidores de Trump asaltaban el Capitolio. Fue Juan uno de ellos? Es imposible saberlo. Hay cuatro Proud Boys, 16 Oath Keepers y seis Three Percenters imputados o juzgados por el ataque, aunque la propia Justicia de Estados Unidos ha reconocido que probablemente participaron ms de 100 miembros de esos tres grupos.

En total, ms de 700 personas han sido imputadas. De ellas, 150 se han declarado culpables. Pero solo 71 han sido condenadas. La pena media que han recibido es de solo 45 das de crcel, segn la web ‘Politico’. Eso se debe a la actitud de la Fiscala, que en la mayor parte de los juicios describe el asalto como una insurreccin y despus ofrece a los acusados la retirada de todos los cargos en su contra si acceden a declararse culpables de entrar en un edificio pblico sin autorizacin. A los jueces, esa actitud del ministerio pblico les desespera. La magistrada jefe de Washington, Beryl Howell, ha calificado la estrategia de los fiscales de «casi esquizofrnica».

En realidad, la esquizofrenia denunciada por Howell no se debera limitar a los fiscales, sino ser extendida a todo Estados Unidos. La mayor potencia del mundo est hoy partida en tribus que se odian y se desprecian mutuamente. Y nada mejor para constatarlo que la actitud de la opinin pblica en relacin al asalto al Capitolio, con sus cuatro muertos, y sus imgenes de «repblica bananera», segn las palabras del ex presidente George W. Bush.

El 60% de los estadounidenses cree que Donald Trump tiene «mucha» o «bastante» responsabilidad en el asalto. Entre los republicanos, ese porcentaje cae al 28%. Si solo se cuentan los votantes de Donald Trump, la cifra es de solo el 17%. Uno de cada cuatro votantes de ese partido apoya la insurreccin. Si se tiene en cuenta que Donald Trump consigui 74 millones de votos, salen ms de 18 millones de personas a favor de los actos violentos del 6 de enero de 2021.

Estas cifras, que proceden de encuestas online realizadas por Momentive y YouGov para la web Axios y la cadena de televisin CBS se reproducen invertidas, como si fuera un espejo, entre los votantes demcratas y de Joe Biden. El asalto al Congreso fue, as, un acto heroico, acaso equivocado, pero con buenas intenciones -el 56% de los republicanos creen que la motivacin de los asaltantes era «defender la libertad»- o un intento de golpe de Estado.

La visin de Juan, que l mismo resumi a EL MUNDO diciendo que «yo estoy aqu apoyando al presidente y apoyando la lucha por mantener la Constitucin», es compartida por la mayor parte de sus correligionarios. Para muchos demcratas, sin embargo, el puertorriqueo no es ms que un fascista, un sedicioso, y, presumiblemente, tambin un racista. De este modo, se trata de la crisis poltica ms grave desde que hace 161 aos EEUU se parti en dos cuando los estados del Sur proclamaron la secesin para que nadie pudiera plantearles la abolicin en el futuro de la esclavitud. Ha pasado un ao desde el asalto y la distancia entre los defensores y los crticos de la invasin de lo que podra ser considerado con salvedades como el equivalente del Parlamento no solo no se ha reducido, sino que se ha hecho abismal. Lo cual lleva, una vez ms, a la Guerra Civil de 1861 a 1865. Cada da se ha hecho ms comn hablar de que EEUU se dirige a un conflicto de esas caractersticas.

Hacia la segunda Guerra Civil?

El martes que viene, la politloga y asesora de la CIA Barbara F. Walter publica su libro As empiezan las guerras civiles, con una tesis provocadora que ha explicado el columnista del ‘Washington Post’ Dana Milbank en un artculo titulado «Estamos ms cerca de una guerra civil de lo que pensamos». Para Walter, «si fueras un analista de un pas extranjero que observaras la situacin en EEUU, igual que si fuera en Ucrania, Costa de Marfil, o Venezuela, y vas mirando punto por punto, evaluando la situacin, vers que EEUU, que es una democracia fundada hace ms de 200 aos, ha entrado en un terreno muy peligroso».

Walter no teme una guerra civil clsica en un pas con casi 6.000 bombas atmicas. Pero s un periodo de violencia con una poblacin que tiene ms armas de fuego que el resto de los pases del mundo juntos.

Cita como indicios de esa situacin el asalto al Capitolio, las matanzas de judos, negros e hispanos de los ltimos aos, y el intento de secuestro de la gobernadora demcrata de Michigan por fanticos republicanos que se oponan a los confinamientos por Covid-19 en 2020.

Pero ese anlisis, sin embargo, es una seal del faccionalismo y la ausencia de dilogo en el pas, porque obvia las decenas de muertos de los disturbios raciales y los saqueos de 2020, y el atentado de 2017 en el que un partidario del demcrata de izquierdas Bernie Sanders asesin a un polica e hiri de gravedad al ‘nmero dos’ republicano en la Cmara de Representantes, Steve Scalise.

En septiembre, el ‘think tank’ ms influyente del mundo, Brookings Institution, celebr un debate con el ttulo «Se encamina EEUU a una segunda Guerra Civil?» y el mes pasado, el escritor canadiense Stephen Marche public el libro ‘La prxima guerra civil. Crnicas desde el futuro de EEUU’. Porque no se trata solo de algo intelectual. Una encuesta realizada en 2019 por la consultora republicana Rasmussen revelaba que el 31% de estadounidenses consideran «probable» que el pas «experimente una guerra civil en cinco aos».

Un ao antes, el historiador conservador Victor Davis Hanson, del ‘think tank’ Hoover Institution, se haba preguntado en ‘The National Interest’, que es una de las revistas que marcan la pauta del Partido Republicano: «Cmo, cundo, y por qu Estados Unidos se ha puesto al borde de una guerra civil?»

Son reflexiones que hace apenas unos aos hubieran sido inconcebibles. Guerra civil en EEUU? Asalto al Capitolio? Un presidente que se niega a realizar un traspaso de poder pacfico? Son, tambin, preguntas sin respuesta, el smbolo de un gigante que ha sostenido al mundo durante siete dcadas, que es la idea de democracia en EEUU, si no cado, s cuestionado. Porque, como resumi Volodimir Zelensky, presidente de un pas, Ucrania, que ha vivido varios asaltos a su propio Congreso, «es difcil ver a Estados Unidos como un smbolo de la democracia despus del asalto al Capitolio».

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